Últimos posts

Una mente maravillosa

Una mente maravillosa

0 Comenta

A principios de los noventa el Congreso de Estados Unidos pidió a seis de los más destacados premios Nobel de ciencia que eligieran dos temas que consideraran dignos en el campo de la investigación. De los seis, cinco eligieron el cerebro.

Entre la comunidad de los científicos son muy pocos los que todavía se resisten a admitir la necesidad de saber más sobre el cerebro humano. No solo porque es un tema interesante sino por todos los beneficios sociales que acompañan al avance en el conocimiento sobre este campo tan amplio que supone la mente humana. Uno de los temas que más se investiga es el de los trastornos mentales. A pesar de ello, entre la comunidad no científica el estigma social de las enfermedades mentales sigue latente.

Los datos recogidos por la Organización Mundial de la Salud en el año 2014 situaban en aproximadamente 450 millones el número de personas aquejadas de algún tipo de trastorno mental en todo el mundo, y las cifras han ido en aumento. Pero lo malo no es solo la gran cantidad de personas que los padecen sino la gran cantidad de gente que no se trata. Menos del 30% del total buscan tratamiento por parte de profesionales debido a la falta de información generalizada, así como a la supervivencia del estigma asociado.

Como afirma uno de los casos entrevistados por el autor Andrew Solomon en su libro“El demonio de la depresión” “Tengo un sistema de pago conjunto favorable por mi artritis reumatoide, porque es una enfermedad “real”. Mi hija en cambio, que padece depresión, no lo tiene ¿La enfermedad de mi hija no es real?”

Hay una tendencia a separar entre lo físico y lo psíquico. Las enfermedades con síntomas físicos claros son aceptadas por la sociedad como “reales”. Las del segundo tipo lo tienen más complicado y suelen ser consideradas como enfermedades incluso imaginarias, sin una razón clara detrás; e incluso cuando se acepta que es una enfermedad como otra se considera que esta ni si quiera vale la pena que se trate ya que los dementes son casos perdidos.

Estos son tratados como “locos”. Y esta palabra abarca todo tipo de condición mental ya sean enfermedades más conocidas como la depresión, esquizofrenia, trastorno bipolar u otros casos más raros; como síndrome de Capgras, el síndrome de Tourette, etc.

Es cierto que las enfermedades mentales son un tanto abstractas y esto no ayuda a que la gente las entienda. Pero este solo es un motivo más por el que se debe invertir en investigación sobre este tema. La investigación no solo sirve a nivel científico. Si se sabe más sobre el cerebro se sabe más sobre las enfermedades mentales, si se sabe más sobre estas se sabe cómo ocurren, qué población es vulnerable, cómo tratar estas y sobre todo cómo prevenirlas. “La prevención es la alternativa más eficaz. Lamentablemente, los profesionales de la salud suelen estar demasiado preocupados por los problemas inmediatos de quienes ya sufren una enfermedad para poder prestar atención a las necesidades de los que parecen estar “bien”. La sólida evidencia aportada por estos informes avala el funcionamiento de la prevención de los trastornos mentales”, afirma la Dra. Catherine Le Galès-Camus, Subdirectora General de la OMS para Enfermedades No Transmisibles y Salud Mental.

Pero además de prevenir, la investigación permite transmitir a toda la sociedad los conocimientos sobre el tema. Son muchos los que no entienden los problemas mentales y la mayoría solo se hacen conscientes de lo que suponen cuando los padecen ellos mismos o los viven de cerca a través de algún familiar o conocido. Como afirma Solomon “Necesitamos un proyecto educativo en este ámbito que prepare el terreno a una iniciativa legislativa.” La idea que se tiene de trastorno mental influye en las decisiones que toda la sociedad toma respecto a estos, que a la vez afecta a quienes los padecen.

Si repasamos un poco el concepto de la enfermedad mental a lo largo de la historia podemos entender un poco la presencia del gran estigma social actual.

Los comienzos no fueron del todo negativos. Antiguamente, ya con los griegos se introdujo la idea de una mente sana en un cuerpo sano. Séneca escribió “Nunca ha habido ningún gran talento que no haya tenido una pizca de locura”. Más tarde, con la Edad Media la cosa empeoró. La pérdida de la razón era considerada como una desaprobación de Dios y a principios del  siglo XVIII los enfermos mentales eran seres excluidos, sin derechos ni posición social alguna. Eran llevados a asilos para lunáticos que podrían volver loco a cualquiera que todavía no lo estuviera. Fue cuando surgieron los famosos manicomios. Con el Romanticismo la idea volvió un poco a sus orígenes ya que la “locura” era considerada fuente de conocimiento. Un poco más tarde los enfermos mentales volvieron a convertirse en personas. Philippe Pinel fue de los primeros reformadores del tratamiento para enfermos mentales. Fundó un hospital que se alejaba bastante de la idea original de manicomio.

Toda esta trayectoria ha dado forma al concepto tan abstracto que se tiene de los trastornos mentales. Pero en la actualidad existen otros muchos factores que contribuyen a la idea que se tiene sobres estos. La falta de información, la información errónea y la cobertura de los medios de comunicación son algunos de ellos.

Existe, por ejemplo, una tendencia a pensar que los enfermos mentales son personas violentas y peligrosas. Un reciente estudio británico reveló que aunque se considera que solo el 3 por ciento de los enfermos mentales son peligrosos para la sociedad, casi el 50 por ciento de la cobertura periodística referida a estos se centra en su peligrosidad. “Estamos gastando miles de millones de dólares en defendernos de estas personas cuando por mucho menos podríamos ayudarlas.”

Lo que queda claro es que en la actualidad “enfermedad mental” es sinónimo de algo negativo , y que incluso la misma Psicología ha optado desde sus inicios por lo que se conoce como un modelo de enfermedad. Modelo que tiene como objetivo el tratameinto de la enfermedad, los “fallos” del cerebro humano. Martin Seligman, presidente de la APA (Asociación Americana de Psicología) y uno de los fundadores de lo que se conoce hoy en día como Psicología positiva defiende que “la psicología no es solo el estudio de la debilidad y el daño, es también el estudio de la fortaleza y la virtud.” Este autor, entre otros muchos, se centra en los aspectos positivos del cerebro humano incluso cuando este se encuentra bajo la condición de una enfermedad mental.

Tenemos muy mal vistas a las enfermedades mentales. La vida mental implica tener en cuenta un marcador y este marcador, al fin y al cabo, lo decide la sociedad. Pero lo cierto es que es muy difícil definir la salud mental y pocas personas disfrutan de una salud mental perfecta. Friedrich Nietsche decía “el estado psicológico no es sino la exageración de los fenómenos normales que se tornan desproporcionados e inarmónicos.” De hecho, algunos autores hablan solo de diferencias cuantitativas en cuanto a ciertos síntomas; todos tenemos ilusiones, todos tenemos paranoias de vez en cuando. Los problemas de carácter psicológico son de los más abundantes y además la enfermedad mental no entiende de clases. Laurie Flynn, que dirige la Alianza Nacional para los Enfermos Mentales afirma “Todavía existe la idea de que si una persona es realmente fuerte, no debería padecer un trastorno mental”. Obviamente una enfermedad mental no ocurre de la noche a la mañana, y existen factores tanto sociales como hereditarios que influyen, pero es necesario aclarar que el hecho de padecer una enfermedad mental no vuelve inútiles a los que las padecen y que el mundo no se divide entre “locos” y “racionales”; en el diagnóstico psicológico la línea entre normalidad y locura es muy fina.

De hecho hay enfermedades en las que esta consigue dotar al individuo de capacidades que de otra manera no tendría. El conocido neurólogo Oliver Sacks habla sobre ello en su libro “El hombre que confundió a su mujer con un sombrero” . En este se cuentan varios historiales médicos de pacientes  con enfermedades neurológicas. Casos con aberraciones de la percepción y que, sin embargo, poseen insólitos dones artísticos o científicos. Estos nos permiten acceder al universo de los enfermos y comprender su situación. Sacks nunca pierde de vista el objetivo final que según él tiene la medicina: “el sujeto humano que sufre y lucha”.

Es curioso que uno de los criterios finales que se usan en los manuales diagnósticos de enfermedades es el sufrimiento. Al fin y al cabo hay que tener en cuenta el bienestar del propio individuo y de la gente de alrededor. “Gastamos muchísimo dinero para que la gente conduzca de una manera más segura. Hacemos muchas cosas para que los aviones sean seguros. Pero ¿qué hacemos con respecto a la vida de las 31.000 personas que se suicidan al año?”

Se nos olvida esta parte, la persona que hay detrás de la enfermedad. Se tiende a ver a esta gente como enfermedades andantes. Olvidamos que las personas tienen la capacidad de sentir y decidir. Como el resto de animales somos capaces de apreciar nuestra situación afectiva pero nos diferenciamos en que nosotros somos capaces de reflexionar sobre esta. Muchas personas consiguen llevar una vida “normal” aun padeciendo un trastorno mental, pero estos casos no suelen salir en televisión. Se puede hacer, pero la sociedad no se lo pone fácil. Esta se resiste a adaptarse a ellos y no ayuda a que estos se adapten. Los obliga a intentar vivir como si no tuvieran ninguna enfermedad.

Hay muchas historias inspiradoras, algunas han conseguido ser llevadas a la pantalla. “Una mente maravillosa” y “Mejor imposible” son dos peliculas que recomiendo a los que no las hayan visto todavía. Sobre todo la primera, basada en la historia real de John Forbes Nash y cómo consigue salir adelante a pesar de la enfermedad mental que padece. No le va del todo mal, pues en 1994 gana el Premio Nobel de Economía.

Como despedida, aquí un trozo de su discurso cuando le entregan el premio:

“¡Gracias! -Siempre he creído en los números. En las ecuaciones y la lógica que llevan a la razón. Pero, después de una vida de búsqueda me digo, ¿Qué es la lógica? ¿Quién decide la razón? He buscado a través de lo físico, lo metafísico, lo delirante, … y vuelta a empezar. Y he hecho el descubrimiento más importante de mi carrera, el más importante de mi vida. Sólo en las misteriosas ecuaciones del amor puede encontrarse alguna lógica. Estoy aquí esta noche gracias a tí. Tú eres mi única razón de ser. Eres todas mis razones. ¡Gracias!”

Deja tu comentario

Reload

Envíar