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Dejamos atrás el tabú y hablamos de suicidio

Dejamos atrás el tabú y hablamos de suicidio

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El suicidio es un tema tabú en nuestra sociedad, no somos conscientes de los datos reales sobre las personas que se han quitado la vida, ni de la gravedad del problema, ya que las cifras de las muertes por suicidio no se hacen públicas. Sin embargo, parece que poco a poco ya hay más noticias y más información, aunque todavía hace falta mucha investigación para poder avanzar y evitar estas conductas.

Para poner un poco en antecedentes y antes de centrarnos con el tema, debemos tener presente que cerca de 800.000 personas se suicidan cada año en todo el mundo, de las cuales 123.853 están en Europa, siendo casi el 80% hombres. El suicidio se puede producir a cualquier edad y es la segunda causa principal de fallecimiento en el grupo de edad entre 15 a 29 años, según un artículo publicado la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Marzo del 2017.

 

En España en el año 2008 el número de suicidios superó por primera vez al de las víctimas mortales en la carretera y desde el año 2014 es la primera causa extrema de muerte no natural, llegando casi a duplicar las cifras de muertes por accidentes de tráfico y siendo 68 veces mayor que las muertes por violencia de género.

El suicidio es una acción individual, pero existen países donde culturalmente es más aceptado que en otros. Los motivos pueden ser diversos, como por ejemplo los económicos, los sociales o los culturales. El suicidio no sólo se produce en los países de altos ingresos, sino que es un fenómeno global que afecta a todas las regiones del mundo, aunque hay países donde la tasa de suicidio es más alta que en otros.

Existe una diferencia entre las conductas relacionadas con el suicidio (con la intención de causar la muerte) y conductas de daño auto infligido (sin intención de causar la muerte). Se consideran conductas de suicidio: los pensamientos suicidas (ideación suicida), la comunicación suicida (amenazas y planes suicidas) y el acto suicida (intento de suicidio). El suicidio es el resultado de un número de situaciones y factores (sociales, culturales, psicopatológicos y biológicos), que se combinan entre sí para generar un abanico de comportamientos auto lesivos que van desde la simple ideación pasajera hasta el suicidio consumado.

Un factor de riesgo en la conducta suicida son los trastornos psiquiátricos, en particular la depresión y el consumo de alcohol, pero existen otras circunstancias vitales que aumentan este riesgo como por ejemplo: la vulnerabilidad genética y psiquiátrica, así como factores fisiológicos, familiares, sociales y culturales. Actualmente también hay otros factores externos como las redes sociales que tienen un papel muy importante.

Las personas que se suicidan no lo hacen porque son unos "cobardes" o porque no quieren afrontar lo que les pasa, sino que están sufriendo un dolor emocional extremo y lo que quieren es liberarse de la agonía que están sufriendo, y la mejor forma que encuentran en estas circunstancias es quitándose la vida porque no disponen de suficientes recursos para poder gestionar este dolor emocional.

Los suicidios se pueden prevenir porque existen medidas que se pueden adoptar en la población. Estas actividades de prevención exigen una coordinación y colaboración de múltiples sectores de la sociedad, como por ejemplo: la restricción al acceso a los medios de suicidio (plaguicidas, armas blancas y de fuego, ciertos medicamentos ...), información responsable por parte los medios de comunicación, reducción del consumo de alcohol, identificación temprana, tratamiento y atención a las personas con problemas de salud mental y abuso de sustancias, dolores crónicos y trastornos emocionales agudos, seguimiento y atención a las personas que ya han realizado alguna tentativa y apoyo comunitario.

En 1999 la OMS impulsó el programa supre "Suicide Prevention". Se trata de una iniciativa mundial para la prevención del suicidio. Actualmente, sólo hay 28 países que han incluido la prevención del suicidio dentro de sus prioridades, estableciendo así una estrategia nacional de prevención del suicidio. 

 Este documento forma parte de una serie de instrumentos preparados y dirigidos a grupos sociales y profesionales específicos relevantes para la prevención del suicidio. Este programa está compuesto por una amplia gama de personas y sectores, incluyendo los profesionales de la salud, educadores, organizaciones sociales, gobiernos, legisladores, comunicadores, oficiales de la ley, familias y comunidades.

La prevención de la conducta suicida debe impulsar tanto las medidas de apoyo psicosocial como las medidas farmacológicas y psicológicas para el tratamiento más oportuno y eficaz de los trastornos mentales y del comportamiento, tal como las enfermedades físicas que puedan favorecer la conducta suicida. Se debe incidir también sobre las situaciones de crisis, el control medioambiental de los factores de riesgo, la difusión apropiada de la información y las campañas de sensibilización.

Hay que tener presente, que hablar de suicidio con los pacientes que se les haya detectado, o con aquellos que verbalicen la ideación suicida, puede aliviar su ansiedad y contribuir a que se sientan más comprometidos, esto no los tiene porque conllevar un aumento al riesgo de desencadenar una conducta suicida. Las preguntas se formularán de forma gradual y no tienen que ser exigentes ni coercitivas, sino plantearlas de manera cálida y empática. Existen grupos de apoyo mutuo entre familiares de suicidas y voluntarios capacitados que están prestando ayuda y orientación en línea y por teléfono.

Tal y como postulaban YA. Chiles y K. Strosahl, el suicidio es una situación límite en la que todo el mundo puede llegar.

 

"Cualquier persona tiene el potencial para convertirse en suicida cuando se enfrenta a una situación que produce dolor emocional y considera interminable, intolerable y sin salida". J. A Chiles y K. Strosahl. The suicidial Patient.

 

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