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Aceptación Positiva Incondicional. Un viaje a ninguna parte…

Aceptación Positiva Incondicional. Un viaje a ninguna parte…

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Una vez, mi padre, en una de las reflexiones que me hizo, me expuso una comparación que todavía hoy uso y me va muy bien. Me dijo que una persona es como una ciudad; tiene sus barrios elegantes, tiene sus barrios bonitos e iluminados, pero también tiene sus barrios oscuros, mal iluminados y sucios. Me lo expuso por entender un poco las relaciones humanas

Aceptación Positiva Incondicional. Un viaje a ninguna parte…

En este post quería hablaros de lo que significa la Aceptación Positiva Incondicional hacia una persona, una de las bases en la práctica de la Psicología Humanista y, en mi opinión, de todo psicólogo. Lo hablaré des de la posición propia de un psicoterapeuta o, en mi caso, como counsellor o asesor y consultor psicológico; pero lo puedes utilizar para cuando un amigo o amiga, conocida o familiar te cuente algo muy personal, un problema o una situación delicada.

En principio pienso que la base de todo terapeuta psicológico tiene que tener la habilidad de escuchar sin resistencias. Y cuando digo escuchar me refiero a escuchar a todos los niveles, es como escuchar su posición, su opinión, su sensación, escuchar su discurso, entenderlo e integrarlo. Carl Rogers dice “se escucha para comprender, no para responder”; y para escuchar desde esa posición hay que abandonarse a la persona que tienes delante. No tienes que pensar en qué me está diciendo, qué me querrá hacer entender o dónde me quiere llevar. Todas esas preguntas, si me las hago, estoy perdiendo capacidad de atención para escuchar lo que la persona me quiere transmitir y no voy a entenderla completamente, no voy a impregnarme de su esencia para comprenderla en su totalidad y por consiguiente no podré aceptarla en su totalidad. Encima me surgirán ideas preconcebidas y, por consiguiente, algunos miedos. Eso son, en el fondo, “resistencias”. Eso, a veces, da miedo; da miedo porque es un viaje a ninguna parte, un viaje hacia los suburbios de otra persona. Si ya nos hace miedo a veces viajar en nuestros propios suburbios personales, imagínense viajar a los suburbios de una persona totalmente desconocida; ¡da vértigo! Pero por eso somos terapeutas, counsellors, amigos de verdad, o el familiar con quién ha tenido el valor, valentía y confianza de contárselo, para acompañar a la otra persona a viajar en sus suburbios. Y esa persona lo necesita, necesita de ese acompañamiento sea porque le da miedo a ella sola, sea porque no sabe cómo hacerlo, o simplemente porqué necesita una visión externa a su persona para acabar de entender que es todo aquello.

En mi caso, cuando entra un o una paciente y empezamos hablar, mi trabajo principal siempre escuchar sin resistencias, entender “su discurso”, porque lo tiene, aunque nos parezca muy disparatado o muy ilógico. Eso requiere de una preparación previa, estar sereno, tranquilo, confiado y en paz con uno mismo. Luego tu desapareces y entras en el discurso de esta persona, hay que impregnarse de él y, de algún modo, “ser él”, porque sólo así podremos darle la luz necesaria para que ella misma pueda ir resolviendo y ordenando sus suburbios, para así crecer, evolucionar y ser, en definitiva, feliz.

Una vez, mi padre, en una de las reflexiones que me hizo, me expuso una comparación que todavía hoy uso y me va muy bien. Me dijo que una persona es como una ciudad; tiene sus barrios elegantes, tiene sus barrios bonitos e iluminados, pero también tiene sus barrios oscuros, mal iluminados y sucios. Me lo expuso por entender un poco las relaciones humanas dentro de la familia y fuera. Pues bien, digamos que el alcalde de una ciudad sabe que hay zonas más oscuras y peligrosas. Sabe que tiene que ir pero no sabe por dónde empezar, le hace miedo ir sólo, hasta a veces le cuesta reconocer que esos barrios son de sus dominios. Por lo tanto busca ayuda externa para gestionarlo. Aquí es donde entra el terapeuta, psicólogo, counsellor, amigo o familiar, en definitiva, entras tú. Esta persona necesita ayuda para ir a explorar la ciudad que regenta para así ir intentando solucionar poco a poco los diferentes problemas que hay en aquellas zonas, mejorar su gestión y hacer de su ciudad un lugar digno de vivir para todos sus habitantes. Y este acompañamiento se hace sin reproches, sin juicios y sin filtros, aceptando que su alcalde, esa persona a quien estas acompañando, es la mejor para gestionar aquello, que ha sido muy valiente para “tomar consciencia” y querer ponerle remedio. Esto es Aceptación Positiva Incondicional, y esto es lo que hace el psicoterapeuta, counsellor o consultor psicológico des de mi punto de vista; un viaje a no se sabe dónde, ni que te encontrarás ni como lo harás, ya que el guía es el mismo alcalde y el psicoterapeuta no tiene ni el mapa de la zona. El psicoterapeuta solo tiene una brújula para reorientarse una vez perdidos, una linterna para enfocar cosas oscuras y competencias para hacer ese tipo de viajes; entendamos aquí como competencia la unión de conocimientos, habilidades y motivación.

Así pues es como la Aceptación Incondicional Positiva es convierte no en una herramienta, sino como una actitud terapéutica, y para ser psicoterapeuta o consultor psicológico, des de mi punto de vista, hay que perder el miedo. Hay que perder el miedo a zambullirte en las “zonas más oscuras” de los demás. No puedes ser escrupuloso, no puedes ser muy dogmático. Tampoco creo que existan soluciones mágicas. Es solo ser muy consciente de tus límites, de tus zonas oscuras, de tus debilidades, perder el miedo al viaje y, eso sí, ¡que te apasionen esos viajes! Viajes hacia el interior de las personas, donde las acompañarás cogiditos de la mano sin dudar, a su ritmo. Ella marca el ritmo, la velocidad, las direcciones, ella tiene su mapa, solo hay que acompañarla y disfrutar del viaje, ya que cada viaje es único porque cada persona es única e irrepetible, y te ha escogido a ti para hacerlo.

¡Buen viaje!

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